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¡¡¡Qué suene la música!!!

miércoles, 18 de febrero de 2009

Es frecuente encontrar en la historia de la música casos de una precocidad realmente asombrosa. Esto no ocurre con otras disciplinas artísticas, salvando las siempre inevitables excepciones, por supuesto. Ni en literatura, ni en pintura, ni por supuesto en la ciencia encontramos algo similar. Hagamos un rápido repaso: Mendelssohn compuso su obertura Sueño de una noche de verano con sólo diecisiete años; Mozart escribió la mitad de sus piezas antes de cumplir los veintiuno, y a pesar de que tuvo una vida de treinta y cinco años llegó a escribir unas seiscientas obras; Meyerbeer era considerado un virtuoso del piano a los nueve; a esta misma edad dio su primer concierto Franz Liszt; Beethoven fue director de orquesta con dieciocho; antes de los dieciocho Shubert ya había escrito ciento cuarenta y seis canciones, tres óperas y dos sinfonías, además de mucha música de cámara; entre los diez y los trece años Haendel compuso más de cien obras religiosas; el padre de Isaac Albéniz preparó el primer concierto público de su hijo cuando éste sólo tenía cuatro años, dio su primer concierto privado con ocho y a los diecinueve ya era considerado un virtuoso del piano; y Weber, por citar un último caso, escribió su primera ópera a los trece años, y a los dieciocho era director de la Opera de Breslau. Pero hay cientos de curiosidades en el mundo de la música que nada tienen que ver con la precocidad, el talento o el esfuerzo de los compositores y sí mucho con el capricho, las manías u obsesiones de los hombres. Las que siguen son sólo algunas:

Giuseppe Verdi (1813-1901), el que tal vez sea el mejor compositor de óperas de todos los tiempos, con títulos en su haber como Nabucco, Macbeth, Rigoletto, Il trovatore, La Traviata, La forza del destino, Aida y Otello fue rechazado en 1832 por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que "sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música". Otra curiosa anécdota relacionada con este genio total, absoluto y definitivo es que fue tanta su popularidad en Italia, que siendo rey de los italianos Víctor Manuel se le aclamaba con el grito de "Viva Verdi", al ser el nombre del compositor un acrónimo de la expresión "Vittorio Emmanuele Rè d'Italia".

Frederic Chopin (1810-1849) compuso su pieza conocida como Vals del gato tras inspirarse en las notas que produjo su gato al subirse al piano y corretear durante varios minutos sobre las teclas. Al parecer a Chopin le divirtió tanto el talento del animal que quiso reproducir aquellos sonidos en dicha composición.

Jean Baptiste de Lully (1632-1687) fue un astuto cortesano en la corte del rey Luis XIV, además de su compositor de cámara. Gracias a sus intrigas palaciegas gozó durante toda su vida del favor del rey, y sus composiciones se basan fundamentalmente en las obras de los dramaturgos de la época, especialmente en las de  Corneille, Racine y Moliere, con quien escribió los ballets cómicos de Matrimonio a la fuerza y El burgués gentilhombre. La muerte le cogió desprevenido al gangrenársele un dedo del pie que se había herido pocos días antes con su bastón mientras marcaba el compás de la interpretación de un Te Deum.

Enrique Granados (1867-1916) protagonizó también una muerte singular. Ocurrió un 24 de Marzo en aguas del Canal de la Mancha cuando regresaba a España tras el estreno en Estados Unidos de su ópera Goyescas. Viajaba en el vapor Sussex cuando éste fue torpedeado por un submarino alemán durante la Primera Guerra Mundial. Aunque el barco pudo llegar a puerto sin mayor incidencia, fue tal el miedo a morir del compositor español, que además sentía una terrible fobia al mar, que aquel ataque lo sumió en la histeria y se lanzó al agua. Lo siguió su mujer, que trató en vano de salvarlo pereciendo también ella. Fueron las dos únicas víctimas de aquel inesperado ataque.

Robert Schumann (1810-1856) trató de suicidarse en 1854 y poco después fue ingresado en una clínica para enfermos mentales en Enderich, donde moriría dos años más tarde un 29 de Julio. Desde la adolescencia sufrió trastornos mentales que se fueron complicando en su madurez hasta crear un cuadro clínico que incluía trastornos del sueño, insensibilidad, rigidez y repentinos temores. Toda su producción hasta 1840 fue escrita para piano, y era tanta su obsesión por lograr la perfección de los movimientos de la mano durante la interpretación, que solía atar su dedo corazón a una tablilla durante los ensayos para independizar el dinamismo del resto de los dedos. Esta caprichosa técnica terminó provocándole una lesión irreversible que acabó con su carrera de pianista.

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) escribió su Réquiem, quizá la más famosa de sus obras, por encargo del conde Walsegg zu Stuppach, quien desde hacía tiempo admiraba su talento. A principios de 1791 murió la mujer del conde, y sabiendo las penurias económicas y la terrible enfermedad que acuciaba al músico le encargó una misa de Réquiem. Esta obra, la más inquietante y misteriosa de Mozart, siempre ha estado envuelta con un halo de leyenda sin duda propiciada por el oscuro interés que escondía el encargo del conde Walsegg. Este rico hombre, aficionado a la música, tenía a su servicio a un criado llamado Leutgeb para las cuestiones musicales. Este, solía contactar con compositores afamados para encargarles, previo pago de una suculenta cantidad, alguna obra que después el conde de Stuppach se encargaba de copiar de su puño y letra, y que luego publicaba y mandaba ejecutar como si fuesen suyas. El contrato se llevaba a cabo en el más absoluto secreto, tal era así que Leutgeb aparecía embozado en una oscura capa para que nadie pudiera reconocerlo y relacionarlo con su amo. De tal manera que cuando llamó a la puerta del enfermo Mozart con tal encargo y tales pintas a éste se le pasó por la cabeza la imagen de la propia Muerte que le encargaba una misa por su propia y desdichada alma. Por supuesto aceptó el encargo y exigió el precio: cincuenta ducados. El visitante nocturno satisfizo la demanda e impuso las condiciones: un mes de plazo, la renuncia a la obra y la promesa de que nunca, bajo ningún pretexto, trataría de averiguar la identidad de su acreedor. Y Mozart no tuvo más remedio que aceptar, su situación era lamentable. Por aquel entonces, poco antes de su muerte, se encontraba cargado de deudas, enfermo de una dolencia renal crónica, agotado por el excesivo trabajo a que se sometía y sobre todo trastornado por los efectos de una gran depresión nerviosa. Necesitaba el dinero desesperadamente. Además quería enviar a su mujer Constanze a Baden para que cambiara de aires. Lo necesitaba. Mozart no terminó la obra en un mes y pidió al emisario un nuevo plazo de entrega que le fue concedido. Poco a poco fue escribiendo cada una de las partes de su obra: el "Réquiem Aeternam", el "Dies Irae", el "Kyrie", el "Domine Jesu", pero no llegó a completar su propósito de ver incluida en la obra toda su portentosa visión del Juicio Final. La completaría a su muerte su discípulo Franz Xavier Süssmayr.
Mozart murió el 5 de Diciembre de 1791, y tras su muerte las partituras del Réquiem fueron entregadas al conde Walsegg, que como solía hacer se las adueñó y dos años más tarde hizo que se ejecutaran con su nombre.
Lo que hoy es el famoso Réquiem de Mozart es probable que fuese el famoso Réquiem de Walsegg si Constanze Mozart no se hubiese convertido a la muerte de su esposo en una imprescindible difusora de la obra de éste. Por las mismas fechas en las que Walsegg estrenaba la obra en Wiener-Neustadt, Constanze la estrenaba en Viena incumpliendo el acuerdo de su marido con el conde.

Los Castrati

martes, 30 de diciembre de 2008

Entre los siglos XVI y XVIII se extendió la costumbre de castrar a los niños con buena voz para destinarlos al canto en el coro de las iglesias. Por medio de la emasculación de adolescentes se pretendía crear voces de varones sopranos, ya que la Iglesia Católica prohibía el canto de una voz femenina dentro de sus templos. Estos fueron los célebres Castrati, para quienes se escribieron las primeras óperas. El más famoso durante el siglo XVIII fue Carlo Broschi, más conocido como Farinelli, que cosechó grandes éxitos en los teatros de toda Europa y también aquí en España, donde se le contrató para curar con su voz las depresiones del rey Fernando VI.

Hablando de estupideces...

domingo, 21 de diciembre de 2008

Hemos hablado de frases que se han hecho célebres por desafortunadas y que han tenido cierta repercusión histórica. Permitidme la licencia de citar algunas frases más de personajes mucho menos importantes (históricamente), pero que causan al menos una sonrisa o carcajada, que nos alegrará el día. Aquí las tenéis:

1. Al preguntársele a qué pareja salvaría del fin del mundo, en una isla desierta, para que luego la humanidad se reprodujera de nuevo, ella respondió “Al papa y a la Madre Teresa de Calcuta”. Carolina Zúñiga, Candidata a Miss Chile 2001.

2. Miss américa en 2004. Se le dijo que si ella pudiera vivir para siempre cómo lo haría y por qué. Ella respondió: “Yo no viviría para siempre, porque no deberíamos vivir para siempre, porque si se supusiera que debiéramos vivir para siempre, entonces viviríamos para siempre, pero no podemos vivir para siempre, que es por lo cual yo no viviría para siempre”. Kimberly Aiken, Miss América 2004.

3. Siempre que veo la tele y veo esos pobres niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas”. Mariah Carey.

4. “No es la contaminación la que esta dañando el ambiente. Son las impurezas que hay en nuestro aire y en nuestra agua las que lo están haciendo”. Pamela Anderson Lee.

5. “Fumar mata… y si te mueres, pierdes una parte muy importante de tu vida”. Brooke Shields.

6. “La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país”. “Dos, cuatro, seis y así sustantivamente”. “Llovía muchísimo, parecía el danubio universal”. “No tiene hijos porque él era imponente”. Rocío Jurado.

7. “Se me ponen las plumas de gallina”. Sofía Mazagatos.

8. “Estoy tomando cláusulas para la tos”. “Le dieron un corte en la misma vena arteria”. “La aspirina fluorescente es más rápida y eficaz”. Terelu Campos.

Otras 9 afirmaciones estúpidas de la Historia


Siguiendo la entrada anterior, no he podido resistirme a nombrar otras nueve afirmaciones que han pasado a la historia por su “excepcional agudeza”. Junto con la del rey Jorge III suman diez para redondear el número. Aquí las tenéis:

1. “No existe ninguna razón por la que alguien tenga una computadora en su casa”. Kenneth Olsen, Presidente y Fundador de la Empresa Digital Equipment Corporation (1977).

2. “Los aviones son juguetes interesantes, pero no tienen ningún valor militar”. Mariscal Ferdinand Foch, Estratega militar francés y Comandante de la Primera Guerra Mundial (1911).

3. “El hombre nunca llegará a la Luna, sin importar los avances científicos que haya en el futuro”. Doctor Lee de Forest, Inventor del Tubo Audión y padre de la Radio (1967).

4. “La televisión no podrá conservar ningún mercado que capte después de los primeros seis meses. La gente se cansará de ver una caja de madera todas las noches”. Darryl Zanuck, Director de 20th Century-Fox (1964).

5. “No nos gusta su sonido. Los grupos de guitarra están pasados de moda”. Decca Records, al rechazar a Los Beatles (1962).

6. “Para la mayoría de la gente, el uso del tabaco tiene efectos benéficos”. Doctor Ian MacDonald, Cirujano de Los Angeles, en Newsweek (1969).

7. “Este “teléfono” tiene demasiados defectos para considerarse seriamente como un medio de comunicación. Por si mismo no tiene ningún valor para nosotros”. Memorándum interno de la telegráfica Western Union (1876).

8. “La Tierra es el centro del Universo”. Ptolomeo, gran astrónomo de la antigüedad.

9. “Todo lo que podía inventarse, ya se inventó”. Charles Duell, Comisionado de Patentes de los Estados Unidos de América (1899).

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